La fuerza del desgarro sutil
La Fiereza -de Carolina Doartero - La Luna Que
Diario El Popular. Olavarría, Miércoles 11 de Enero de 2011
 
 
por Guillermo Del Zotto
 
     
 

En su cuarto poemario, según palabras del poeta Roberto Glorioso, Carolina Doartero "recomienza lo que ha quedado huérfano con pulsaciones de lúcida militancia en un idioma que ya le es propio". Esta frase no sólo es certera por su belleza, sino porque además despliega un mapa de lectura que desde la contratapa predispone al lector de "La fiereza" a una sorprendente continuidad de un estilo.

Recién editado por La Luna Que, este nuevo libro de Carolina Doartero es una entrega que se parece mucho al final de un gran camino recorrido, pero al mismo tiempo inauguración de un derrotero por venir. Ese idioma propio al que hace referencia Glorioso, es asumido con una síntesis y claridad que rodea a cada poema con un aura de autenticidad. Ganada con la saliva de un animal replegado en su madriguera.

Doartero lleva al nido de sus alucinaciones imágenes que recoge desde una visión cada vez más amplia. Diluye con su estilo categorías que en sus libros anteriores ("Con los pies desnudos", "Hydra y Sirena", "Fermento") aún permanecían veladas. Hay un poema central en el libro que lo puede explicar mejor: "Es de plata la ruta/ al mediodía/ un zorro la cruza furtivamente/ una parte de mí/ obediente al mapa/ llega a la ciudad/ la otra/ raspada por los pajonales/ pasó la noche/ en la madriguera". Así retoma el tema del doble. Pero, a diferencia de "Hydra y Sirena", aquí la fiereza está desnuda. Y trastoca la vocación de comprensión por la de contemplación. Sus metáforas, cada vez más austeras, apuntan a un informe que, como también define Glorioso, se transforma en un "reto a duelo con sus temas". Y así, con sus "veladura y su transparencia" se "desarropan las señales".

En la literatura en general y en poesía en particular, se torna odioso el debate de una escritura de género. Sin embargo, con la poesía de Carolina Doartero es fácil adivinar sensibilidades que pertenecen a un universo apenas visible por el ojo de la cerradura. A ciertas sospechas que sólo podemos disfrutar como imaginables en lo remoto. Como quien queda absorto ante el inalcanzable tuétano de un fruto exótico. Sin embargo, al mismo tiempo, sus palabras nos van diciendo.