Presentación “Un nido en la boca”
Reseña de Ignacio Vázquez
Termino de leer - y en no pocos tramos, releer- Un nido en la boca, de la poeta Carolina Doartero. Durante el transcurso de la lectura, fui subrayando algunos versos, interrogando otros y anotando la x - incógnita a despejar- en la mayoría. Así, el olvidado arte de la marginalia me fue ayudando a desentrañar lo que estaba en el centro de la página.
En cuanto al estilo, advierto una inteligente y selectiva propensión a los juegos fónicos que conllevan, a su vez, juegos de sentido. En esa música tenue y envolvente advierto que me divierto con el son ido del sonido, como si uno se pusiera a bailar al ritmo sintáctico de Emeterio Cerro.
Un rasgo que predomina en todos los poemas es - a la par del allegreto fónico- una nota de hieratismo, de distancia, un andante expresivo. Lo noto cuando aparece la elipsis oportuna, la que el lector conoce y no hace falta explicitar:
"Aprendió/ en la más tierna/ que la vida es/ separación"
Aquí, la palabra omitida - y a la vez propuesta como adivinanza encriptada- es infancia. Doartero, con la maestría de un gesto leve y preciso, nos escamotea la palabra previsible, dejando al adjetivo sin su eterno acompañante lexical y subrayando, así, la misma separación aludida.
Una sección de este libro -Del barro seco- me ha gustado especialmente. Como en una transposición alegórica, aparecen los animales como las recurrentes máscaras de nuestra especie. Vemos desfilar la pájara, el aguilucho, el hombre jaguar. Y, en un poema que recuerda el espíritu de Augusto Monterroso, la oveja negra vislumbra que el verdadero lobo es el rebaño.
Entre la sobreabundancia de aserciones que suelen poblar el paisaje poético, la obra de Carolina Doartero se recorta solitaria: Un nido en la boca es un libro perdurable, ya que nos devuelve a un espacio de preguntas.